Cualquiera que haya leído mis columnas anteriores de “Mexico’s Next Top Model” seguro pensará: “esta mujer está obsesionada con el tema”, y creo que es válido pensarlo así que prometo firmemente que es la última vez en la que ocupo este valioso espacio para hablar de este refrito mexicano del programa de Tyra Banks, sin embargo, creo que era necesario darle un cierre a todo lo planteado previamente.

Es buen momento para hacer un corte de caja de lo que vimos a partir del día uno y haré algunas apreciaciones personales en las que espero que coincidamos.

Creo que “Mexico’s Next Top Model” se ha convertido en el juguete con el que nadie quiere jugar. Al principio, la productora “BoomDog Films” tomó la batuta del proyecto con un resultado mediocre y risible, pero, hay que reconocer que de esta temporada salió Mariana Bayón, quien a mi parecer es la única concursante con posibilidades reales de hacer una carrera, después, el encargado fue Pedro Torres, quien creo que sólo tuvo mano en hacer unos promocionales impecables pues la temporada completa fue de risa loca y de ésta salió Tracy… ¿quién?, exacto… ella.

Finalmente, he de reconocer que en esta tercera edición, al tomar la batuta una productora más modesta, el resultado fue más limpio, pues creo que finalmente el equipo entendió cuáles eran sus limitaciones basados en lo que tenían, lograron un producto un poco más digno que en las emisiones anteriores.

Ahora, ¿qué no me gustó? Creo que el común denominador de las tres temporadas que hace que me parezca un programa aburrido y que no tiene ni pies ni cabeza es la conducción de Elsa Benitez, aunque reconozco que mejoró notablemente de la segunda edición a ésta, sigue siendo impresionantemente sosa.

Punto a favor de la tercera temporada, la salida de Joe Lance, quien fue sustituido por Antonio González de Cosío, por lo menos alguien ahí sabía de lo que estaba hablando y, he de decirlo, finalmente Glenda Reyna me cayó bien.

Otro punto… existen detalles clave del concurso que simplemente esta producción decidió obviar, no sé si por falta de presupuesto o porque simplemente representaba un problema de logística hacerlo, pero, no sé si se acuerdan… la final nunca es en la sede del concurso y los últimos capítulos transcurren en un viaje. En la versión estadounidense el viaje suele ser a destinos impresionantes como China, Italia o Australia, aquí habíamos sido más modestos pues las locaciones habían sido en Ixtapa o incluso San Miguel de Allende, pero, en esta ocasión, el viaje no ocurrió.

Es el tipo de cosas que me parecen una mentada de madre en una producción, pues, estas cosas, y créanme es cierto, generalmente nunca representan un gasto para un programa de tele, y esto es porque los destinos están ávidos de tener promoción y muchas veces son capaces de absorber los datos de un staff completo con la única condición de que se mencione constantemente en qué lugar se está grabando, así que, lo único que puedo pensar es que esto se atribuye a flojera y poca visión para hacer las cosas.

Segundo… no sé si se acuerdan pero parte del cierre del programa es hacer una sesión de fotos con la ganadora y la conductora del programa, en este casi Sahily y Elsa Benitez, incluso en la final del año pasado la propia Tyra Banks participó en esta sesión… bueno, pues a esta producción también se le olvidó o lo consideraron innecesario y no obstante, prefirieron meter cuatro minutos de aplausos y brincoteo de la ganadora en la pasarela en lugar de dar el cierre que el formato exige.

Pero, por mucho, para mí, lo peor de esta temporada, fueron sus concursantes, quienes desgraciadamente dieron muestra de un nivel cultural nulo, les hacían referencias de personajes clave del cine, de moda, de música y no tenían idea, y ¿por qué no?, cuándo a una se le preguntó que qué era lo que había aprendido de esa experiencia, la respuesta fue: “que lo que me dicen los jueces es para que yo mejore y no sólo por fregar”…

Sumado a esto, teníamos a la villana y la buena del cuento, la primera era una niña bastante guapa que a mi parecer tenía que haber ganado, llamada Alessa, quien se dedicó a hacerle la vida imposible a la no tan bonita Blanca Nieves, mejor conocida como Sahily. En esta rivalidad, se hizo evidente el racismo, clasismo y estupidez llevadas al límite, incluso puedo asegurar que la mala bonita no ganó por eso, porque nadie quiere inflar al grado de celebridad a alguien mala leche que lo demuestra incluso sabiendo que por lo menos 100 personas (o no sé cuál habrá sido el rating) la están viendo.

En fin, una vez más terminó este programa que sobrevive a trancazos, cada vez más limitado y cada vez más “tropicalizado”, no sé si ustedes lo vieron o no, lo que es un hecho es que este formato que podría ser perfecto sólo copiándolo, aquí no logra cuajar.

BUSCAR

RECOMENDADOS



data-matched-content-ui-type=”image_card_stacked”

Los comentarios están cerrados.