Si nunca te ha pasado que en una fiesta pierdes, rompes o “ahogas” una cámara que tenía las fotos más memorables de tu vida, pues felicidades, eres una persona muy responsable. Pero si eres uno de los miles de seres humanos a los que SÍ les ha ocurrido algo parecido tengo algo que decirte: no eres el único y te aseguro que este post te interesa. A continuación te voy a dar los tres consejos que siempre tengo en mente antes de irme de parranda, y más aún en esta última parte del año en la que las celebraciones se vuelven algo de cada semana.

Para las fiestas en las que no conoces a nadie: Elige tus batallas. Si no es completamente indispensable, deja guardada la cámara reflex SRL que tanto te costó comprar y mejor lleva esa cámara pequeñita que, en caso de un accidente, no te dolerá tanto perder. Toma en cuenta en la naturaleza de la fiesta antes de salir, ya que muchas veces olvidamos que estaremos más tiempo divirtiéndonos con los amigos que haciendo fotografías. Además, una correa que sujete tu cámara a tu muñeca o a tu cuello nunca está de más, es mejor prevenir que lamentar.

Para las fiestas en la alberca: Clases de natación. Olvídate de las preocupaciones de encontrar tu cámara al día siguiente sumergida en un vaso con algún líquido extraño. Desde hace varios años, muchas marcas reconocidas han puesto a la venta modelos que son resistentes al agua, sin duda una cualidad muy útil cuando la reunión es en la playa. Sólo recuerda: este tipo de cámaras dicen que soportan entre 3 y 10 metros bajo el agua, mi sugerencia es que no lo pongas a prueba y lo dejes para casos de emergencia.

Para las fiestas masivas: La cámara para-caídas. Aunque las “marcas de guerra” puedan servir como evidencia de que la pachanga estuvo fenomenal, tu cámara te agradecerá que no la dejes caer a menos de que sea a prueba de golpes. Por lo normal, las mismas compañías que han desarrollado las cámaras sumergibles han lanzado modelos resistentes a las caídas usando coberturas de goma para amortiguar los impactos. Y, aunque esto te salvará de muchas caídas, te sugiero que no intentes ver si sobrevive desde el quinto piso de un edificio. A diferencia de los gatos, las cámaras aún no aprenden a caer de pie siempre.

El consejo adicional para cualquier fiesta: La desechable. La mayoría de estas cámaras pueden costar entre 200 y 400 dólares, algo que puedes o no estar dispuesto a pagar. Para todos aquellos que buscan cuidar su economía y, al mismo tiempo, seguir sacando fotos en las fiestas, les recomiendo recurrir a la típica cámara desechable con película incluída. Incluso hay algunas que vienen en un estuche de plástico para soportar ligeras caídas y breves inmersiones, esto nos evitará los corajes de perder, romper o ahogar una muy buena cámara. Además, si se tiene cuidado y le decimos a la persona del laboratorio que nos guarde la estructura, se pueden abrir estas cámaras para volverlas a usar insertando un rollo nuevo de película.

Imágenes de PCWorld, Kodak  y  Pentax

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